martes

Niños Hiperactivos. Mama ¡No puedo dejar de moverme!

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La semana pasada conocí a Daniel en mi consulta. Tiene 10 años y estudia 5º de primaria. Es un niño despierto e inteligente, expresivo y comunicativo. Se mostró desde el principio abierto y hablador (cosas del cole, los amigos, su equipo de fútbol, las clases de judo, la pesada de su hermana de 15 años…) y como se suele decir, “hubo química ” entre nosotros.

Cuando le pregunté por qué razón sus padres lo habían traído a una valoración pedagógica, él rápidamente me contestó: ” ¡Es que soy Hiperactivo!” .Yo contesté :¿Y qué crees tú que significa esa palabra?. Daniel no lo dudó: “pues que es casi un milagro que te estés quieto y no te muevas de la silla; que estés callado sin hablar con los compañeros; que dejes de jugar con la goma hasta que se rompe… y que no te castiguen en el cole aunque no sepas muy bien por qué. Bueno, otras veces, me meto en líos sin querer”.
- “¿Y qué notas sacas? “. “Soy de cinco, seis, no más. Por lo menos no suspendo. De vez en cuando, saco un 9 en mates, pero odio el Cono (Conocimiento del Medio) porque luego en el examen se me olvida todo”.
Daniel definió su conducta y “problema” con claridad así como los sentimientos (desconcierto, inseguridad, infravaloración, rabia… ) que le causa su actual situación escolar y que le crea además un desajuste personal y social además de académico.

La valoración psicopedagógica confirmó el Diagnóstico: Daniel es efectivamente un niño con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). No es un niño necesariamente malo, maleducado, desmotivado ni vago. Tampoco sus padres tienen la culpa porque lo educan mal o no le ponen límites. Todo lo contrario, sus padres están volcados en él y “agotados” física y psicológicamente porque deben ayudar a Daniel a hacer sus deberes, controlar su agenda, ordenar su mochila, reponer cuadernos y lápices que pierde a menudo, contestar a las notas del profesor (que son más bien un conjunto de quejas) y miles de tareas más.

Todos hemos oído y utilizado el término “Hiperactivo” de forma coloquial, refiriéndonos a aquellos niños excesivamente movidos, traviesos, con problemas de conducta o malcriados.
Los profesionales que trabajamos dentro del campo de la Psicología infantil, nos referimos con este término a un cuadro con un conjunto de síntomas de base neurológica que poco tiene que ver con el niño vago, travieso o malcriado y que sólo en algunos casos, está asociado a problemas de conducta.

De hecho, hablamos de TDAH (Trastorno por Déficit de atención con hiperactividad) . Se estima que un 5% de los niños menores de 10 años padecen Déficit de atención y es probable que los profesores tengan de uno a tres niños hiperactivos o “disatentos” en el aula. Este trastorno es más común en niños que en niñas.

Los síntomas principales son:
• Déficit de atención.
• Impulsividad e Hiperactividad Motriz.
Aunque podemos diferenciar tres grupos con sintomatología diversa:
1. En el que predomina la falta de atención (Tipo Inatento).
2. En el que predomina la impulsividad y la Hiperactividad Motriz (Tipo Hiperactivo-Impulsivo).
3. En el que predomina ambos rasgos de falta de atención e Impulsividad (Tipo Combinado).

El diagnóstico de TDAH (en cualquier subtipo) no es necesariamente negativo a nivel de pronóstico, pero hemos de tener en cuenta que la falta de atención, la impulsividad y la inquietud motriz son características incompatibles con un buen rendimiento escolar y un adecuado comportamiento en el contexto escolar. Y teniendo en cuenta que el rendimiento escolar es la primera prueba de autoestima y valía personal que experimenta un niño y un factor también de competencia social, las características de esta sintomatología van teniendo repercusión en el desarrollo de su personalidad.
Y suele suceder, que a medida que avanzan los años y la exigencia escolar, los niños no detectados ni tratados adecuadamente no solo acentúan su sintomatología, sino que además presentan Inadaptación escolar, autoimagen negativa y un Autoconcepto erróneo de sí mismos (se hipervaloran o se infravaloran) además de otros problemas emocionales como ansiedad o depresión.


Es lo que llamamos “efecto bola de nieve”, es decir, las dificultades se hacen más grandes y más difíciles de resolver con mayor coste emocional y social para el niño y la familia.
Por lo tanto, la detección precoz y el tratamiento adecuado es de vital importancia en estos niños. Normalmente, el colegio y los profesores son los primeros en detectar a estos niños y comunicárselo a sus padres, que entonces ya han tenido la ocasión de “sufrirlo” en casa y en otras situaciones cotidianas (sala de espera del médico, visitas a los amigos o al restaurante…) y por ello, se ha ido deteriorando su confianza en sus posibilidades como educadores al sentirse desorientados, ansiosos, ineficaces y con sentimientos de culpa.

La detección requiere una Valoración Pedagógica no solo de los síntomas que el niño presenta sino también del potencial intelectual y otros aspectos cognitivos (fundamentalmente el tipo de estrategias en tareas de resolución de problemas, su estilo de aprendizaje, atención, memoria…) y de los aspectos emocionales (reacción a la frustración, síntomas de ansiedad o tristeza…), comportamentales y sociales (habilidades sociales, integración en el aula, grupo de amigos…).

Se trata de obtener un perfil neurocognitivo real y compatible con este trastorno y no una mera “adivinación” o valoración subjetiva de los padres y profesores.
El especialista médico (neuropediatra) es el que nos confirmará este diagnóstico y el que considerará el Abordaje farmacológico.

Todo tratamiento ha de ser integral y enfocado a todas las áreas del niño: escolar (mejora del rendimiento escolar y reeducación de sus dificultades de aprendizaje), personal y afectivo (mejora de la autoestima), social (desarrollo de habilidades Sociales), conductual (aplicación de programas en casa y en el colegio para conseguir conductas adecuadas y extinguir o suprimir las inadecuadas) y familiar (apoyo emocional, comprensión del problema y ambiente estructurado con normas claras y sistemáticas adecuadas a la exigencia del niño).
La detección y el tratamiento supone normalmente la intervención de especialistas y profesionales diversos (neuropediatra, psicopedagogo, psicólogo clínico…) dentro de un marco multidisciplinar. La intervención adecuada en el momento oportuno puede aportar un pronóstico positivo.

Por supuesto, la comprensión del problema por parte de padres y profesores y la coordinación entre ambos es vital para el desarrollo del niño y su ajuste académico y personal. Muchas veces, el primer obstáculo que estos niños encuentran, es un sistema educativo poco preparado para atender sus necesidades educativas, sociales y emocionales.

Pero no quiero acabar este artículo con un sabor “agridulce”. Estos niños activos, nerviosos, despistados, lentos, absortos en su mundo, desorganizados… tienen cualidades estupendas. Destaca su sensibilidad, nobleza, afectividad, son cariñosos, imaginativos, creativos, simpáticos, luchadores… y tienen dones y habilidades especiales aunque no son las valoradas por el sistema educativo.

Los podríamos comparar con los integrantes de una orquesta en el que cada uno toca un instrumento con gran habilidad pero parece imposible que toquen juntos a la vez, coordinados, siguiendo un mismo ritmo o melodía, respetando el turno. Y es difícil de conseguir una actuación perfecta…. Tan solo necesitan un Director que vea su potencial y les enseñe de forma diferente, respetando su particularidad…. para lograr un sonido maravillosamente diferente en una actuación “perfecta”.



Mónica Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
Dificultades de Aprendizaje, TDHA, Logopedia, Terapia de familia
www.zana.es




Niños Hiperactivos. Mama¡No puedo dejar de moverme!

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Educar hoy

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COMO SOY UN NIÑO/A...

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Cómo soy un niño necesito sentirme
querido para poder crecer sano.
Necesito tocar para descubrir.
Necesito independencia pero también límites.
Necesito oportunidades para adquirir confianza.
Necesito estímulos para soñar.
Necesito ser YO sin comparaciones.
Necesito tu ejemplo para imitar.
Necesito que dialoguemos con sinceridad.
Pero sobre todo necesito una familia que
me contenga, aún cuando crezca.
Solo así seré un niño feliz ahora
y un adulto maduro y responsable mañana.

 poemasguay.blogspot.com

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CUANDO TU HIJO

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CUANDO TU HIJO

Te busque con la mirada, MÍRALO.
Te tienda sus brazos, ABRÁZALO.
Te busque con su boca, BÉSALO.
Te quiera hablar, ESCÚCHALO.
Se sienta desamparado, AMPÁRALO.
Se sienta solo, ACOMPÁÑALO.
Te pida que lo dejes, DÉJALO.
Te pida por volver, RECÍBELO.
Se sienta triste, CONSUÉLALO.
Esté en el esfuerzo, ANÍMALO.
Esté en el fracaso, PROTÉGELO.
Pierda toda esperanza, ALIÉNTALO.



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"Educar no es dar carrera para vivir....

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"Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida".

(Pitágoras)



lossecretosdelpatio.bligoo.es
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¿Cómo educar a un/a adolescente?


¿Qué hacer ante un hijo adolescente? ¿Debo ser autoritario, amigo?, ¿Debo consentir, prohibir?…

Los padres deberán “ formarse” para afrontar esta etapa evolutiva. Deberán seguir las pautas de educación adecuadas para controlar y evitar el conflicto. Es importante que lean mucho sobre adolescencia. Al final del informe se dará una bibliografía sobre el tema. Lea libros sobre la adolescencia. Piense en su adolescencia. Espere cambios de humor en el hijo que normalmente es muy alegre y prepárese para más conflictos en el futuro que surgirán a medida que su hijo encuentre su lugar como persona. Los padres que saben lo que les espera pueden enfrentarse mejor a ello. Y cuanto más informados estén los padres, menor será el dolor.

Es muy difícil conseguir en estos años una buena relación… Yo diría que es utópico, pero siempre podremos paliar un poco las consecuencias de la crisis en nuestra comunicación con ellos… Es evidente que con unos padres autoritarios , que toman ellos las decisiones unilateralmente los hijos serán incapaces de hacer nada porque siempre tendrán miedo, y si la rigidez ha sido mucha, lo más probable es que la crisis de oposición del chico o la chica sea mucho más grave. No olvidemos que el temor y el miedo nunca han sido formativos. Debemos enriquecer su personalidad no anularla.

Aquellos que son superprotectores  tampoco favorecen a los adolescentes que serán chicos tímidos, inseguros, incapaces de tomar decisiones, con un exceso de control paterno afectivo, que no es más que una forma de chantaje emocional.  “¿ Te vas a ir? ¿ Me dejas sola? Yo que siempre me sacrifiqué”….

El otro tipo de Padres permisivos o muy permisivos, igualitarios, hacen que casi no se distinga quien es quien. En realidad suelen ser padres inmaduros, que no asumen la responsabilidad de la educación, son despreocupados, negligentes, o con pocos recursos educativos… padres que por propia comodidad o por temor a ser impopulares ante sus hijos, mantienen actitudes de concesión constante. Ceden ante cualquier petición de los hijos. Esto es sin duda muy perjudicial, pues los niños crecerán sin patrones adecuados de conducta, no podrán identificarse con un modelo paterno, puesto que son colegas, y no podrán enfrentarse al mundo con la responsabilidad y la formación adecuadas porque sus padres no la han tenido.

¿Cuál sería pues el tipo de padres que pueden educar sanamente a sus hijos?
¿Qué postura es la adecuada para un buen desarrollo psicológico, emocional e intelectual del adolescente?

Padres moderadamente autoritarios:

- No se debe mandar hoy una cosa y mañana otra, con contradicciones porque evidentemente nos hará perder credibilidad.
- Cuando se toma una decisión hay que mantenerla. Previamente hay que razonarla pero una vez tomada, deberemos mantenerla aunque cueste trabajo o sacrificio…
- No se puede exigir a los hijos lo que no somos capaces de hacer. Mantener una congruencia de vida, no podemos pedir orden si somos un desastre….
- Se debe mantener el control. No dejarse llevar siempre por la ira, el enfado, puesto que nos puede llevar a dar órdenes que luego tendremos que corregir.
- Ser tolerantes con las pequeñas cosas, (la ropa, el tatuaje, el pendiente…) y poder exigir en las fundamentales.
- Mostrar interés por todas sus acciones. No exigir, dar órdenes y desaparecer de la escena, leer el periódico o marchar de casa, desatendiéndose del hijo.
- Disponer de muchísima paciencia. No debemos olvidar que ellos tratarán de imponer sus criterios, aprovecharse de nuestras debilidades, debemos ser perseverantes, no claudicando nunca, y cuando nos veamos desbordados pedir ayuda a un profesional que nos oriente.
- Valorar todo lo bueno, lo responsable que sea, aunque sea minimamente, pues así será estimulado, procurando estar siempre para ver también lo que ha hecho bien, aunque sea su deber (como estudiar, o recoger su habitación) puesto que en esta crisis esto a él, al adolescente, le supone un esfuerzo.
- Forman hijos con confianza en sí mismos, con altos niveles de autoestima e independencia. Valoran la autonomía.
- Refuerzan la conducta disciplinada. Saben decir no.
- Dan  los consejos adecuados, pero no imponiendo siempre su criterio.
- Son padres, no amigos, pero no son inaccesibles.
- Mantienen una comunicación amplia y pueden detectar problemas

Recetas para educar a un adolescente

Los tres ingredientes principales y básicos son  empatía , sentido común y sobre todo mucho, mucho amor :   ponerse siempre en el lugar de su hijo, llegar a sentir como siente él ,( empatía ) tratar de ser lógico, no dejarse llevar por el dramatismo, ni por los demás, ser consecuente ( sentido común) , y sobretodo  quererle, pero quererle… sin condiciones, ( amor, puro y duro, el más difícil pero el mejor, el amor  a los hijos)

Otros ingredientes:

      Toneladas de información : Informe a su adolescente y manténgase informado : La adolescencia es a menudo una época para experimentar y a veces esto incluye comportamientos arriesgados. No eluda los temas relacionados con el sexo, las drogas, el alcohol y el tabaco; conversar con su hijo abiertamente sobre estos temas antes de que se vea expuesto a ellos aumenta las probabilidades de que su hijo actúe de forma responsable cuando llegue el momento.

     Kilos de respeto a su privacidad: Para algunos padres esto es algo muy difícil. Creen que todo lo que hacen sus hijos es asunto suyo. Si existen señales de alerta que indican que puede haber problemas, usted se podría ver obligado a invadir la privacidad de su hijo hasta que llegue al fondo del problema, pero de lo contrario, manténgase al margen. Respete su espacio. El dormitorio de un adolescente y sus llamadas telefónicas, mensajes, emails, deben ser algo privado y no hay necesidad de compartan con uno de sus padres todas sus ideas o actividades.

     Kilos de supervisión, pero sin tercer grado: Todos los niños, adolescentes o no, requieren supervisión de los padres y usted tiene derecho a saber dónde estará su hijo y qué hace. Pero no espere que le dé todos los detalles ni que lo invite a ir con él/ella. Establezca la costumbre de que explique con quien sale y donde podríamos buscarle en caso de necesidad. Batería del móvil, contestarlo. Respetar su intimidad y sus silencios, sin intentar hacerle hablar de algo que no quiera. No presionarlo y mantenerse receptivos para que el joven sepa que puede contar con el apoyo de los padres.

      Mucha cantidad de escucha activa:  escuchar con atención lo que quieren explicarnos o preguntar. Cuando hable con él, concéntrese en lo que dice. Hágale alguna pregunta sobre lo que explica para demostrar que realmente se quiere enterar bien. Y sobretodo nunca diga “ ahora no tengo tiempo”. Hablar también de lo que les interesa a ellos. Dar tiempo para   abordar los temas que nos interesan a nosotros.

      Una pizca de establecer de antemano reglas apropiadas: Sepa ceder y ser flexible. Si su hora de llegada no es la que el quiere, trate de negociar. Si se porta bien,  el aumentar la hora de llegada puede ser un premio. Tenemos que fijar normas y límites pero a través del diálogo para que nuestros hijos acepten y asuman compromisos. Tenga previstas las sanciones. Y otra pizca de menos crítica y más elogios. En primer lugar, la crítica y la corrección debe combinarse con el uso frecuente de elogios. Es decir, debes ser capaz de ver también lo que tu hijo hace bien y decírselo. Por muy desastre que te parezca tu hijo, seguro que tiene también valores positivos que debes esforzarte en reconocer. Además es necesario corregir con mucho cariño. Por tanto la crítica debe ser  serena y ponderada, sin precipitaciones y sin apasionamiento. Cuidadosa, sin ironía, sin sarcasmo, como se corrige a un amigo.

     Otro poco de tómarlos en serio, no tratarlos como seres inferiores que explican cosas de las que estamos de vuelta. No sermonear… No aprovechar  cualquier  ocasión para soltarles “el mismo rollo”. No hacer comparaciones. Es importante evitar, tanto cuando les hagamos propuestas como cuando los censuremos, ponernos a nosotros mismos como modelos (”A tu edad yo…”) o poner como ejemplo a otras personas (”Mira tu hermano como…”). Es injusto, ofensivo y un camino seguro para conseguir su animadversión. En todo caso compáralo con él mismo (”Seguro que lo conseguirás, como cuando hiciste…”).

     No se olvide de libertad según responsabilidad. A mayor responsabilidad, mayor autonomía, y ante faltas de responsabilidad, restricciones de autonomía. Si le engaña o falta a sus compromisos, no le grite ni le riña. Explíquele con toda la calma de que sea capaz, que ha faltado a nuestra confianza, por lo cual tendrá menos autonomía hasta que demuestre que es digno de confianza… Explique siempre porqué.Siempre que pida a su hijo que haga algo, explique por qué se lo pide. No use expresiones como “porque lo digo yo” o “porque sí”. No dude siempre. Deje que se explique. Dar  crédito a lo que dice salvo cuando tenga evidencia de lo contrario

     Espolvoree con el perdón cuando sea necesario. Usted puede perdonar y también pedir perdón, eso no le hace más pequeño ante sus ojos sino más grande. Tiempo, para él, para los dos. El debe ser lo más importante. Compartan alguna actividad ( acompañarle a partidos, o actividades extraescolares, ver la fórmula uno, escuchar música, ir de compras, etc..meterse un poco en su mundo…). Compartir alguna preocupación personal con su hijo y pidiéndole su opinión (temas al alcance de su nivel madurativo: problemas de trabajo, de salud…) puede facilitar la comunicación entre ambos.

     Y el toque final para conseguir un buen resultado: Asegurarle nuestra cercanía y afecto incondicional, independientemente de sus logros y comportamiento. El adolescente también necesita sentirse seguro y querido por sí mismo. No de por supuesto que su hijo lo sabe, se puede expresar también físicamente cuanto le  quiere, con abrazos,  o besos, independientemente de la edad que tenga. Especialmente : Quiérale… digáselo y demuéstreselo…
Recuerde que eso es lo único importante para que su hijo sea una persona feliz…y recuerde que ese tiene que ser nuestro objetivo como padres… ¡¡¡ No lo olvide nunca!!!

En resumen

En fin, educar es por tanto ayudarles fomentando su independencia, su libertad, enriqueciéndolos sin anularlos, estando al lado, y no encima. Con esta información sólo querría que quedara bien claro que la adolescencia es esa edad en la que todos juramos  que seríamos distintos a nuestros padres, para acabar con el tiempo pareciéndonos y acercándonos absolutamente a ellos… esa edad en la que ustedes se reconocerán en estas frases:

· Miente respecto al colegio o pira.
· Deja la habitación como una pocilga.
· Quiere volver tarde.
· Tiene una actitud agresiva. Incluso amenaza o insulta.
· No hace más que ver la tele.
· No ayuda en casa.
· Siempre quiere estar solo
· Sé que bebe o fuma
· Está siempre en bares y discotecas.
· Exige continuamente cosas caras, de marca y tiene rabietas si no lo consigue…
· Quiere vestirse de la forma más rara del mundo
· Está apático, parece no importarle nada…

Bien, pues todos estos problemas, siempre que no se desborden como ya hemos visto, forman parte de su evolución, de su crisis de oposición, que como toda crisis es madurativa y cuya ausencia es patológica. Es decir es básica la rebelión contra la familia, puesto que ésta tiene que ser negada para que el adolescente llegue a la madurez real, por ello una hiperautoridad paterna que aplasta sistemáticamente todo intento de afirmación del adolescente o por el contrario la superprotección y el exceso de permisividad hacen que el adolescente no sepa a que atenerse y pueda por tanto complicarse su crisis hasta hacerse patológica y necesaria de tratamiento…

Para que esto no suceda es importante tener grandes dosis de amor, de paciencia, de comprensión y de recuerdos…. Quizás es por esto por lo que los padres no suelen comprender a sus hijos en esta edad, no se acuerdan. Por mi profesión trato continuamente con ellos, y he descubierto que me encantan. Creo que lo importante es volver la vista atrás…y recordar… no, no está tan lejos, sólo hay que recordar las riñas con los padres por la hora de llegada, las amenazas de cortar el teléfono, que en la actualidad puede ser desconectarlos de Internet, los suspensos, los novios, las copas de más, la responsabilidad de menos, el egoísmo de creer que el mundo era nuestro y que todo debería estar a nuestra disposición…recordarnos a nosotros mismos, como nos sentíamos, la incertidumbre ante el futuro, el no saber bien quienes éramos, el cuestionar todos los valores de nuestros padres…. Es solo un ejercicio de memoria… no queda tan lejos… sólo hay que intentarlo….

Isabel Menéndez Benavente
CLINICA DE PSICOLOGIA

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

  •  isabelmenendez.com
  • Un adolescente en casa: Consejos para disfrutar con la adolescencia de sus hijos Joan Carles Suris. Editorial. De Bolsillo
  • Un adolescente en mi vida: Manual práctico para la educación de los hijos.       D. Maciá. Editorial. Pirámide
  • 100 maravillosas formas de comprender a tu hijo adolescente Trudy Simpson Editorial: Troquel
  • Socorro! Tengo un hijo adolescente R.T Bayard y J. Bayard Editorial: Ediciones Temas de hoy


psicopedagogia.com

¿Cómo educar a un/a adolescente?
blogdelafamilia.es

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lunes

El Ruego De Un Adolescente

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Cuando te pido que me escuches y comienzas a darme consejos, no has entendido lo que te pedí.

Cuando te pido que me escuches y comienzas a decirme por qué no debo sentirme de tal manera, pisoteas mis sentimientos.

Cuando te pido que me escuches y sientes que debes hacer algo para resolver mi problema, me has fallado, aunque te suene raro.

¡Escucha!

Lo único que te pedí fue que me escuches. y no hables o hagas algo, solo escúchame.

Yo sé valerme por mí mismo. No soy un inútil. Cuando haces algo por mí, que yo mismo puedo y debo hacer, contribuyes a mis sentimientos de temor e insuficiencia.  Pero, cuando aceptas como un simple hecho lo que yo siento, sin importar cuán irracional parezca, entonces puedo cesar de intentar convencerte y dedicarme a comprender lo que hay detrás de tales sentimientos irracionales.

Y cuando esté claro, las respuestas son obvias.

Quizás esta es la razón por la que es tan eficaz la oración; porque Dios escucha en silencio.
 
El Ruego De Un Adolescente (Renuevo de Plenitud)


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"Educar es difícil, posible y bello" Ángel Rossi

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Ángel Rossi-Educar es difícil, posible y bello

 www.scribd.com

 

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domingo

Credo del educador

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Creo que educar es “ayudar a ser”.

Creo que vale la pena seguir luchando, trabajando y esperando.

Creo que debo vivir mi “quehacer” de educador como misión y no como mera profesión.

Creo que debo prepararme para suscitar valores e ideales, con mi presencia, con la entrega de mi tiempo y con una real proximidad a compañeros de trabajo, representantes y alumnos.

Creo de verdad que el protagonista de la educación es el alumno, no el libro ni método, el programa o el profesor.

Creo que no se puede ser educador si no se profesa en humanidad, en exigencia personal, y en responsabilidad ética.

Creo que debo crear en la escuela y en el aula, un ambiente de amistad que le permita al alumno no sólo su propio descubrimiento y el de sus posibilidades y límites, sino sobre todo la aceptación de sí mismo.

Creo que los alumnos necesitan del reconocimiento y el elogio gratuito tanto como de las notas y calificaciones.

Creo que la primera prioridad es aprender a vivir y esto requiere de otras cosas aparte del estudio.

Creo que en cada alumno hay un hombre que puja por nacer y que mi tarea consiste en favorecer ese parto.

Creo en el modelo del maestro perfecto: Cristo.

Creo que todo hombre, también el niño, es más sagrado que un templo, porque es el VERDADERO TEMPLO DE DIOS.






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La Adolescencia (El trayecto más dificil)

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Hay un momento en la adolescencia en que todo parece perdido aunque nada en realidad se ha perdido. La vida duele y no se es de ningún lugar ni se pertenece a ninguna persona, institución o moral. Se sueña con el príncipe, la princesa, el actor de moda, la cantante guapísima que nos canta al oído, el concurso, el viaje, el maestro o la maestra que vendrán a salvarnos y a reconocernos. Se cuestiona la religión, los roles sociales, la sexualidad. Se teme el futuro y se anhela el futuro y se desconoce el papel que se asumirá en ese mundo que se aproxima. Se camina en puntas de pie para ver el paisaje como lo veremos cuando termine nuestro crecimiento. Se ensayan peinados y cortes de cabello, posturas para fumar o echarse los cabellos hacia atrás. Se exprimen en la soledad del cuarto de baño las primeras espinillas. Se ríe sin motivo aparente. Se es torpe, desgarbado, irregular y hasta desconcertante en las respuestas e interrelaciones. Se escriben poesías o canciones, o se empieza un “Diario”, o se leen manuales de hipnotismo y trucos de magia, fotonovelas o historias del deporte. Se reconoce el cuerpo y hay quien se avergonzará del cuerpo. Se goza la brisa de la cara al pedalear la bicicleta, la velocidad en patines o en el coche de los amigos o de los padres o de los hermanos mayores, la sensación de los músculos al hacer ejercicio, el sudor corriendo por la cara, los pasos de baile. Se disfrutan también los primeros cigarros y las primeras borracheras, el primer baile, el primer beso, las primeras peleas, la curiosidad sexual. No se es niño ni adulto. Se puede serlo todo y no se es nada. Empieza la cacería sexual en la que se es perseguidor o perseguido. La música expresa mejor que cualquier otra cosa los deseos y temores más oscuros e indescifrables, los desplantes y arrogancias, las alegrías y las mitificaciones. Se quiere la independencia pero se es incapaz de valerse por sí mismo. Se busca la autoafirmación pero el espejo, la familia, la iglesia, la escuela, la calle y hasta los amigos y las amigas parecen cuestionarlo todo, ponerlo en duda, bromear de todo, inestabilizarlo todo. Se inventan mitos porque se necesitan para poder guiarse en el caos ingobernable que nos acecha. Se inventan pautas de conducta porque los temperamentos oscilan terrible, violentamente. Despiertan nuevas energías y el cuerpo cambia y no se sabe cómo preguntar, pedir ayuda, o se quiere pedir consejo y no se sabe a quién, no obstante que se necesite a alguien urgente, angustiosamente, y a veces hasta con desesperación. Parece saberse mucho acerca de esto, pero poco se dice, pues sobrevive la idea ciertamente mórbida, de que todo, absolutamente todo, debe ser cabalmente experimentado. Es la adolescencia y son sus ritos de iniciación. 

Antologias : Gustavo Sainz (Seguir leyendo)






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iniciación

Hijos

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Hijos. los que te besan. el corazón.
 
(logosjuris.blogspot.com)




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Sentimientos

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Sentimientos

kori.blogspot.es


Solo sé que desde lo más profundo de mi alma,
sentía lo más maravilloso y celestial que un ser pudiera sentir,
sentir que te amaba, te adoraba cada minuto, cada segundo de mi vida,
celosa de todo aquello que pudiera dañarte...
Hasta en lo más mínimo, protectora como una esfinge
y guardián de tus sueños... así te tuve dentro de mí,
te alimente con cada pensamiento,
arrancado de mis más remotas sensaciones y deseos...
Te tuve hasta ayer, encerrado cual genio en un cofre de cristal...
que de repente se rompió y todo aquello que guardaba
se escapó súbitamente y casi sin darme cuenta,
te tuve frente a mis ojos, es desde entonces que comprendí
que lo irreal, puede ser real, tan real...
Como tu...  que un día te tuve en mis sueños
y hoy te tengo en mis brazos...




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Amar a los hijos adolescentes


El objetivo debe ser que nuestros hijos “se sientan” verdaderamente queridos por nosotros.




Xavier Amat - Familia y Cultura nº 283 




Hace unos días asistí a una reunión de padres en el colegio de mis hijas. En esa ocasión la habitual conferencia trataba sobre la educación de nuestros hijos adolescentes. La conferenciante acabó su brillante intervención con una frase que me impactó profundamente: “No lo olvidemos. A los adolescentes hay que quererles mucho más de lo que probablemente se merecen”.


Si analizamos la trayectoria del comportamiento usual de los hijos adolescentes, podemos concluir que efectivamente se merecen bastante poco nuestro afecto. Pero al mismo tiempo, con esta afirmación caemos en la cuenta que debemos corregir muchas cosas y trazar un nuevo reto: amar mucho más a nuestros hijos adolescentes.
Casi sin avisar, la adolescencia de nuestros hijos irrumpe en nuestra familia. Aquel niño adorable y simpático se vuelve de repente gruñón y distante. A casi todas nuestras sugerencias o peticiones, responde con mala cara y palabras bruscas, casi siempre para negarse a hacer lo que le pedimos. En su relación con los hermanos, las peleas son continuas, alterando frecuentemente la armonía de nuestra casa.
Cuando esta actitud se prolonga en el tiempo y, sobre todo, cuando la adolescencia alcanza su “fase aguda”, debemos confesarlo sin tapujos: ¡Cuesta una barbaridad amar a nuestros hijos adolescentes!
Voy a explicarme: No me refiero al amor que todos los padres tienen por sus hijos. Hay que suponer que todos los padres del mundo quieren a sus hijos por el simple hecho de serlo. El fundamento de este amor estriba en la relación paterno-filial, vínculo indestructible e irrenunciable que dura siempre.
Estoy aludiendo al amor en su faceta más sentimental o afectiva. Es bien sabido que no solo debemos querer a nuestros hijos, sino que
es imprescindible que nuestros hijos “se sientan” queridos por nosotros. Y lo cierto es que, ante un adolescente esquivo y malcarado, nos cuesta mucho profesar este amor paterno-filial acompañado del sentimiento, envuelto en ternura, en gestos de afecto, incluso caricias, tan habituales en las etapas anteriores a la adolescencia.
No solo esto, sino que es probable que en el duro trato diario, nuestros hijos adolescentes, puedan percibir un sentimiento contrario al amor del que estamos hablando. A mi juicio, aquí radica un grave peligro para el ejercicio de nuestro servicio para con ellos.
Conviene recordar que la adolescencia supone para nuestros hijos atravesar una etapa fértil y maravillosa, pero al mismo tiempo llena de preguntas e incertidumbres, ya que empiezan a asomarse al mundo de los adultos. Por eso, necesitan más que nunca del amor de sus padres, de nuestro afecto y reconocimiento, aunque a veces no lo parezca. Y no me refiero a un afecto de amistad, sino verdadero amor de padres. En una entrevista para un periódico nacional, el famoso Juez de Menores de Granada Emilio Calatayud lo dice con mucho salero: “...como algunos padres no saben cómo hacerlo, actúan haciéndose coleguillas del niño, coleguillas del adolescente; hablándoles de tú a tú, en plan de amistad. ¡Y queriendo ser sus colegas les han dejado huérfanos! Eso no es bueno. Porque los hijos quieren padres y los padres quieren hijos...”
A la vista de esta situación, para evitar el peligro anunciado anteriormente, quizás sería bueno reflexionar ahora sobre algunos aspectos importantes de nuestra relación con ellos, que estoy convencido pueden ayudar a la expresión de amor y afecto que tanto requieren. En definitiva, de entre los muchos que son necesarios, hay tres hábitos o virtudes que, si logramos adquirir, nos llevaran a conseguir el objetivo: Que nuestros hijos “se sientan” verdaderamente queridos por nosotros.

1. Serenidad
Ante una mala contestación, acompañada del consabido portazo; al observar por enésima vez que su ropa en la habitación esté amontonada sin orden alguno; o ante su sorprendente pasotismo ante unas malas notas, es posible que nos dejemos llevar por los nervios y les intentemos corregir a gritos. Acto seguido, incluso podemos quejarnos de que nuestros hijos adolescentes gritan, contestan mal y dan portazos, cuando deberíamos examinarnos si quizás han aprendido de nosotros alguna de estas reacciones desmesuradas.
Con nuestros gritos, los adolescentes suelen interpretar que todavía les tratamos como si fueran niños, que no los consideramos como los adultos que pretenden ser, aumentan los nervios y el malestar general y, no nos engañemos, la corrección deviene inútil.
Por el contrario, si ante estas dificultades reaccionamos con calma, mostrándonos cordiales y amables, les estamos ofreciendo la afectividad madura que necesitan. Al mismo tiempo, les damos un buen ejemplo de serenidad, como aquella virtud, imprescindible para el amor, que nos hace mantener un estado de ánimo apacible y sosegado aún en las circunstancias más adversas, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.
¡Que difícil conseguirlo ante determinadas situaciones! No obstante, ¿Por que no hacernos este propósito? Podemos empezar armándonos de mucha paciencia (contar hasta diez por dentro resulta a veces eficaz) y ser conscientes de que no podemos iniciar una conversación con ellos si no somos capaces de terminarla con serenidad, pase lo que pase, diga lo que diga.
En los peores momentos, quizás puede ayudarnos pensar en el conocidísimo pasaje de la primera Carta de San Pablo a los Corintios: “El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites”.

2. Optimismo
He buscado la definición de “optimismo” en el Diccionario de la Lengua Española y me quedo con la siguiente acepción: “Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”.
Probablemente como consecuencia de su actitud de rebeldía, hemos de admitir que muchas veces con nuestros hijos adolescentes observamos la actitud exactamente opuesta, es decir, tendemos a ver y juzgar sus cosas, sus aficiones, en general, sus actos, en su aspecto más desfavorable.
Caemos frecuentemente en el error de practicar la “presunción de culpabilidad”. Por ejemplo, nuestro hijo llega una hora tarde a la cena en familia, en su móvil sale el buzón de voz y pensamos: “llega tarde a cenar porque seguro que se ha distraído con sus amigos sin pensar en su familia. ¡Esto es inaceptable!”. No quiero ni imaginar la cara que mostramos al recibirle cuando llega tarde. No descarto que la razón descrita sea la correcta. Ahora bien, si practicamos la “presunción de inocencia” (nadie es culpable hasta que se demuestra lo contrario) podríamos pensar que llega tarde por alguna razón ajena a su voluntad; por ejemplo, los trenes se han averiado y además se ha quedado sin batería en el móvil. De este modo, nos mantenemos en la mejor de las disposiciones cuando finalmente llega tarde y puede responder a nuestra pregunta sobre la razón de su tardanza.
Toda persona, y en su etapa adolescente mucho más, necesita del reconocimiento de los demás para sentirse valorado, en definitiva, para sentirse querido. ¿Cuántas veces nos sorprendemos destacando a nuestros hijos las cosas que hacen mal? Obviamente, no debemos olvidarnos de las cosas que deben mejorar. No obstante, también es imprescindible destacar sus éxitos, sus logros, valorar con elogios oportunos las cosas que hacen bien, que seguro que son muchas.

3. Perdón
Nuestros hijos tienen el derecho a que nosotros ejerzamos de padres. Y la tarea de ser padres es incesante. Tenemos que ser padres las 24 horas del día y los 365 días del año. Además, en este apasionante cometido, debemos salvar innumerables dificultades y situaciones comprometidas. Por eso, es absolutamente normal que nos equivoquemos muchas veces al día.
Como tienen el sentido de la justicia a flor de piel, los adolescentes perciben automáticamente los errores que cometemos en su trato habitual. En estos casos, aunque cueste, es imprescindible pedir perdón. Pero no después de un tiempo largo en el que nos hemos distanciado amargamente del hijo afectado, sino casi inmediatamente, anticipándonos a una posible iniciativa por su parte.
Y al revés también, por supuesto. No podemos hacernos los remolones para perdonar a nuestros hijos cuando han cometido una falta, por grave que sea.
Blanca Brancatisano, en su libro “La Gran Aventura” lo explica muy bien. Aunque el libro trate del amor matrimonial, creo que es perfectamente aplicable aquí: “Sé muy bien que no es fácil perdonar; es el acto más sobrehumano que se conoce, pero si no conseguimos hacerlo en el ámbito favorable y privilegiado de una relación total como es el amor, no hay esperanza alguna (...)”
No tengo espacio para más. Me gustaría simplemente exponer este breve razonamiento: educamos a nuestros hijos para que sean felices. Una persona únicamente es feliz si ama y se siente amada. Enseñemos, pues, a amar a nuestros hijos. Y, para ello, que vean que los padres nos amamos con ternura y les amamos así también a ellos. De esta forma, lograremos, tarde o temprano, que superen con éxito la apasionante y difícil etapa de la adolescencia.
Me permito acabar con otra cita del mismo libro de Blanca Brancatisano:
“ser amados cuando somos y nos comportamos como unos gusanos... ah, esto si que es algo que conmueve las entrañas del mundo, algo que provoca un estupor capaz de dar nueva vida a quien recibe un amor así”
. ¡Que bueno sería que nuestro hijo tuviera y sintiera este amor de padres!



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Padres vs. Hijos…..¿Relaciones constructivas o conflictivas?

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“Señor, ayúdame a resolver los problemas difíciles 
y a no complicar los problemas sencillos”  
Juan XXIII





En todas las empresas familiares participan diversos miembros de la familia. Lo normal es que intervengan los padres (papa y/o mama) y los hijos (hombres y mujeres), siendo. lo mas importante, como se llevan los padres con los hijos y qué resultados logran.
Diversos estudios han identificado 3 estilos principales de los padres y 3 formas típicas de ser de los hijos. Los padres pueden ser: autoritarios, permisivos o participativos, mientras que los hijos suelen ser rebeldes, pasivos o involucrados. En este sentido, las combinaciones entre los estilos de los padres y de los hijos es lo que puede determinar si la relación es constructiva o conflictiva.
Un padre autoritario, desea imponer su voluntad en todo momento y a toda costa. Cuando su hijo es rebelde, es decir, que busca su independencia y cuestiona todo, la relación saca chispas, pues se convierte en una lucha de poder. Si el padre es autoritario y el hijo es pasivo, el padre es feliz al imponer sus decisiones y el hijo las acepta para evitarse problemas. Por otro lado, un padre autoritario con un hijo involucrado puede trabajar bien si el hijo logra que el padre tome en cuenta sus opiniones.
Un padre permisivo, que permite que sus hijos hagan lo que quieran, puede ser manejado por su hijo rebelde quien impondrá sus ideas. Si el hijo es pasivo, la empresa no tendrá iniciativa alguna y perderá ante la competencia. Con un hijo involucrado, el padre puede despertar de su letargo y la empresa puede salir adelante.
Lo ideal es tener un padre participativo, que escuche a todos los demás antes de tomar decisiones, él puede aprovechar la dinámica del hijo rebelde, motivar al hijo pasivo o aprovechar el interés del hijo involucrado y lograr mejores resultados.
¿Como eres como padre? ¿Cual es tu manera de ser como hijo? ¿Que puedes hacer para que la relación sea constructiva y no conflictiva?


Para mas información consultar: profitconsulting.com


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EDUCAR EMPODERANDO (Entrevista en Radio Otura)

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Una edad tan menospreciada, empezando por su propio nombre, la adolescencia, presenta un gran potencial educativo: Atreverse a pisar la raya de lo prohibido. Este valor usado con sabiduría puede ayudarnos a construir un mundo más humano y feliz, en el que, poco a poco, las creencias que nos hacen sentir víctimas vayan siendo desplazadas por las que nos ven como seres creativos, capaces de sentirse realmente los dueños de su vida. Para lograrlo contamos con toda la fuerza de la adolescencia.


¿Te apetecería saber cómo…? Te invito a escuchar la entrevista que realizó Rosa Estañ en su programa “Educar hoy” en Radio Otura.







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Las 8 Mentiras de Una Madre

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Las 8 Mentiras de Una Madre | familia | 

renuevodeplenitud.com

 


Esta historia comienza cuando era niño… nací pobre.  A menudo no teníamos suficiente qué comer.  Cuando teníamos algún alimento, Mamá solía darme su porción de arroz.  Mientras pasaba su arroz a mi tazón, solía decir: “Cómete este arroz, hijo, yo no tengo hambre”.  Aquella fue la primera mentira de Mamá.

Al crecer, Mamá renunció a su tiempo libre para pescar en un río cercano a nuestra casa; ella esperaba que de los peces que pescase, me podría dar proveer de un alimento más nutritivo para mi crecimiento.  Una vez, cuando sólo había pescado dos peces, hizo sopa de pescado.  Mientras tomaba la sopa, Mamá se sentó a mi lado y comió lo que quedaba en el hueso del pez que me había comido; mi corazón se estremeció al verla.  Una vez que le pasé el otro pescado, lo rehusó y dijo: “Cómete el pescado, hijo, a mí en realidad no me gusta el pescado”.  Esa fue la segunda mentira de Mamá.

Cuando, para poder pagar mi educación, Mamá fue a una fábrica de fósforos para traer a casa algunas cajetillas usadas, las que llenaba con cerillas nuevas.  Esto la ayudaba a ganar algún dinero para cubrir nuestras necesidades.  Una noche invernal me desperté y hallé a Mamá llenando las cajetillas a la luz de una vela.  Así que le dije: “Mamá, vete a dormir; es tarde, puedes seguir trabajando mañana en la mañana”.  Mamá sonrió y dijo: “Vete a dormir, hijo, no estoy cansada”.  Esa fue la tercera mentira de Mamá.

Cuando tuve que hacer mi examen final, Mamá me acompañó.  Después del amanecer, ella me esperó por horas en el calor del día.  Cuando sonó la campana, corrí a encontrarme con ella… Mamá me abrazó y me dio un vaso de té que había preparado un termo. El té no era tan fuerte como el amor de Mamá.  Viéndola cubierta de sudor, de una vez le pasé mi vaso y le pedí que tomase también.  Mamá dijo: “Toma tú, hijo, que yo no tengo sed.”  Esa fue la cuarta mentira de Mamá.

Tras la muerte de Papá, Mamá tuvo que desempeñar el papel de ambos.  Mantuvo su empleo anterior; tenía que satisfacer sola nuestras necesidades.  Nuestra vida familiar se tornó más complicada, pasábamos hambre.  Viendo empeorar nuestra condición familiar, mi bondadoso tío, quien vivía cerca a nuestra casa, vino a ayudarnos a resolver nuestros problemas grandes y pequeños.  Nuestros otros vecinos vieron que estábamos en pobreza por lo que aconsejaban a Mamá que se volviera a casar.  Pero ella rehusó casarse de nuevo diciendo: “No necesito amor”.  Esa fue la quinta mentira de Mamá.

Al terminar mis estudios y obtener un empleo, llegó el tiempo para que mi anciana madre se jubilase pero ella siguió yendo al mercado cada mañana para vender algunos vegetales.  Yo le seguía enviando dinero pero ella era persistente y aún me enviaba de vuelta el dinero diciendo: “Tengo suficiente”.  Esa fue la sexta mentira de Mamá.

Seguí mis estudios de maestría a tiempo parcial.  Financiado por la corporación estadounidenses para la cual trabajaba, tuve éxito en mis estudios.  Con un gran aumento en mi salario, decidí traer a Mamá a disfrutar la vida en los Estados Unidos pero ella no quiso molestar a su hijo.  Me dijo: “No estoy acostumbrada a vivir por lo alto”.  Esa fue la séptima mentira de Mamá.

En su vejez, Mamá fue atacada por el cáncer y tuvo que ser hospitalizada.  Como ahora vivía al otro lado del océano, fui a casa a ver a Mamá, quien se hallaba encamada tras una operación.  Mamá intentó sonreír pero yo estaba quebrantado por verla tan delgada y frágil.  Pero Mamá dijo: “No llores, hijo, no me duele”.  Esa fue la octava mentira de Mamá… y diciéndola, falleció.



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Los valores en la familia

Los valores en la familia

No cabe duda de que la individualidad nos está alejando cada vez más de la vida en familia. Hay escasa comunicación entre los miembros de un hogar, y es menos el tiempo que se pasa en casa.
La universidad, el trabajo, la computadora o el televisor muchas veces nos absorben y nos impide valorar estos momentos.  Pero, para la psicóloga María Teresa Charún, de la Asociación Unidad Familiar, el hecho de tener ocupaciones diversas no es excusa para perder la comunicación. Propone que el almuerzo o la cena sean tomados como un espacio ‘sagrado’ del día para reunir a los seres queridos.
“Esta tradición de reunirnos alrededor de la mesa se está perdiendo. 

Sin embargo, es muy importante tratar de que todos los integrantes de la familia se junten a comer por lo menos una vez al día”, asegura la especialista.

Señala que, en caso de ser imposible reunirse a diario, se debe separar los fines de semana. 

“Para compartir vivencias, tomar decisiones grandes y pequeñas y, por supuesto, compartir los alimentos”, dice. Refiere que estos encuentros les dan seguridad a los más pequeños para opinar y participar en las decisiones del hogar.
 Aparte de lograr una buena comunicación, el almuerzo familiar permitirá alejar a los adolescentes de los vicios. Según estudios de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, los muchachos que logran tener este tiempo con sus familias presentan 70% menos de riesgo de caer en el abuso de sustancias tóxicas.
“La vida en familia les da seguridad a los hijos. Los aparta de los vicios y de las malas compañías, además de que despeja sus dudas religiosas y morales. Recuerden cómo fuimos educados los que ya peinamos canas”, subraya Charún.
Para fortalecer nuestra familia es necesario promover valores positivos relaciones afectivas productivas, ambientes sanos y agradables que nos permitan desarrollar al máximo nuestras potencialidades.
El amor es el ingrediente esencial en toda convivencia; cada uno expresamos nuestro amor y cariño como mejor sabemos hacerlo aunque no siempre como los demás lo necesitan o lo desean. No hay que perder de vista que lo importante en actuar congruentemente, es decir, con honestidad en todas nuestras formas de ser y convivir en familia.
No es válido, por ejemplo, pedirles a nuestras hijas e hijos que sean respetuosos con el padre y la madre, si nosotros no tenemos respeto hacia ellos.
La comunicación es un componente básico que no podemos cerrar o cancelar nunca. La solución a los conflictos debe estar abierta al diálogo siempre. Buscar los acuerdos que satisfagan las necesidades e intereses de todos. 
Recordemos que los integrantes de la familia cada uno es único, pues hay hombres , mujeres, niñas, niños, jóvenes ancianos,  todos merecen un trato con equidad y justicia ya que tienen los mismos derechos. Las diferencias de edad no son motivo de discriminaciones ni violencia. Ser solidario implica el apoyo mútuo y constante hacer nuestra la causa ajena y así ganar y asumir de manera equilibrada las tareas y obligaciones dentro del hogar y cumplir responsablemente.
Construir un ambiente de libertad significa fomentar en cada uno de sus integrantes la toma de decisiones informada y consciente, asumiendo sus beneficios y consecuencias, en la búsqueda del bien común.
En la familia habrá diferencias, la tolerancia es el  valor que nos lleva a reconocerlas, pero ante todo respetarlas, y esto sin duda es una fortaleza que respalda la unión familiar.
La confianza en nosotros mismos y en los demás nos da el soporte para construir grandes relaciones de amistad y amor.
La  confianza se debe cuidar y alimentar a diario.

Los valores en la familia « Kathybel's Weblog

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martes

Día Internacional de la Mujer

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"Cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos".

Hemos conseguido mucho hasta ahora, pero aún nos queda un buen camino por recorrer. 
Para seguir avanzando, hay que pasar a la acción. Tal y como lo han hecho ellas:

 




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