domingo

Credo del educador

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Creo que educar es “ayudar a ser”.

Creo que vale la pena seguir luchando, trabajando y esperando.

Creo que debo vivir mi “quehacer” de educador como misión y no como mera profesión.

Creo que debo prepararme para suscitar valores e ideales, con mi presencia, con la entrega de mi tiempo y con una real proximidad a compañeros de trabajo, representantes y alumnos.

Creo de verdad que el protagonista de la educación es el alumno, no el libro ni método, el programa o el profesor.

Creo que no se puede ser educador si no se profesa en humanidad, en exigencia personal, y en responsabilidad ética.

Creo que debo crear en la escuela y en el aula, un ambiente de amistad que le permita al alumno no sólo su propio descubrimiento y el de sus posibilidades y límites, sino sobre todo la aceptación de sí mismo.

Creo que los alumnos necesitan del reconocimiento y el elogio gratuito tanto como de las notas y calificaciones.

Creo que la primera prioridad es aprender a vivir y esto requiere de otras cosas aparte del estudio.

Creo que en cada alumno hay un hombre que puja por nacer y que mi tarea consiste en favorecer ese parto.

Creo en el modelo del maestro perfecto: Cristo.

Creo que todo hombre, también el niño, es más sagrado que un templo, porque es el VERDADERO TEMPLO DE DIOS.






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La Adolescencia (El trayecto más dificil)

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Hay un momento en la adolescencia en que todo parece perdido aunque nada en realidad se ha perdido. La vida duele y no se es de ningún lugar ni se pertenece a ninguna persona, institución o moral. Se sueña con el príncipe, la princesa, el actor de moda, la cantante guapísima que nos canta al oído, el concurso, el viaje, el maestro o la maestra que vendrán a salvarnos y a reconocernos. Se cuestiona la religión, los roles sociales, la sexualidad. Se teme el futuro y se anhela el futuro y se desconoce el papel que se asumirá en ese mundo que se aproxima. Se camina en puntas de pie para ver el paisaje como lo veremos cuando termine nuestro crecimiento. Se ensayan peinados y cortes de cabello, posturas para fumar o echarse los cabellos hacia atrás. Se exprimen en la soledad del cuarto de baño las primeras espinillas. Se ríe sin motivo aparente. Se es torpe, desgarbado, irregular y hasta desconcertante en las respuestas e interrelaciones. Se escriben poesías o canciones, o se empieza un “Diario”, o se leen manuales de hipnotismo y trucos de magia, fotonovelas o historias del deporte. Se reconoce el cuerpo y hay quien se avergonzará del cuerpo. Se goza la brisa de la cara al pedalear la bicicleta, la velocidad en patines o en el coche de los amigos o de los padres o de los hermanos mayores, la sensación de los músculos al hacer ejercicio, el sudor corriendo por la cara, los pasos de baile. Se disfrutan también los primeros cigarros y las primeras borracheras, el primer baile, el primer beso, las primeras peleas, la curiosidad sexual. No se es niño ni adulto. Se puede serlo todo y no se es nada. Empieza la cacería sexual en la que se es perseguidor o perseguido. La música expresa mejor que cualquier otra cosa los deseos y temores más oscuros e indescifrables, los desplantes y arrogancias, las alegrías y las mitificaciones. Se quiere la independencia pero se es incapaz de valerse por sí mismo. Se busca la autoafirmación pero el espejo, la familia, la iglesia, la escuela, la calle y hasta los amigos y las amigas parecen cuestionarlo todo, ponerlo en duda, bromear de todo, inestabilizarlo todo. Se inventan mitos porque se necesitan para poder guiarse en el caos ingobernable que nos acecha. Se inventan pautas de conducta porque los temperamentos oscilan terrible, violentamente. Despiertan nuevas energías y el cuerpo cambia y no se sabe cómo preguntar, pedir ayuda, o se quiere pedir consejo y no se sabe a quién, no obstante que se necesite a alguien urgente, angustiosamente, y a veces hasta con desesperación. Parece saberse mucho acerca de esto, pero poco se dice, pues sobrevive la idea ciertamente mórbida, de que todo, absolutamente todo, debe ser cabalmente experimentado. Es la adolescencia y son sus ritos de iniciación. 

Antologias : Gustavo Sainz (Seguir leyendo)






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iniciación

Hijos

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Hijos. los que te besan. el corazón.
 
(logosjuris.blogspot.com)




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Sentimientos

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Sentimientos

kori.blogspot.es


Solo sé que desde lo más profundo de mi alma,
sentía lo más maravilloso y celestial que un ser pudiera sentir,
sentir que te amaba, te adoraba cada minuto, cada segundo de mi vida,
celosa de todo aquello que pudiera dañarte...
Hasta en lo más mínimo, protectora como una esfinge
y guardián de tus sueños... así te tuve dentro de mí,
te alimente con cada pensamiento,
arrancado de mis más remotas sensaciones y deseos...
Te tuve hasta ayer, encerrado cual genio en un cofre de cristal...
que de repente se rompió y todo aquello que guardaba
se escapó súbitamente y casi sin darme cuenta,
te tuve frente a mis ojos, es desde entonces que comprendí
que lo irreal, puede ser real, tan real...
Como tu...  que un día te tuve en mis sueños
y hoy te tengo en mis brazos...




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Amar a los hijos adolescentes


El objetivo debe ser que nuestros hijos “se sientan” verdaderamente queridos por nosotros.




Xavier Amat - Familia y Cultura nº 283 




Hace unos días asistí a una reunión de padres en el colegio de mis hijas. En esa ocasión la habitual conferencia trataba sobre la educación de nuestros hijos adolescentes. La conferenciante acabó su brillante intervención con una frase que me impactó profundamente: “No lo olvidemos. A los adolescentes hay que quererles mucho más de lo que probablemente se merecen”.


Si analizamos la trayectoria del comportamiento usual de los hijos adolescentes, podemos concluir que efectivamente se merecen bastante poco nuestro afecto. Pero al mismo tiempo, con esta afirmación caemos en la cuenta que debemos corregir muchas cosas y trazar un nuevo reto: amar mucho más a nuestros hijos adolescentes.
Casi sin avisar, la adolescencia de nuestros hijos irrumpe en nuestra familia. Aquel niño adorable y simpático se vuelve de repente gruñón y distante. A casi todas nuestras sugerencias o peticiones, responde con mala cara y palabras bruscas, casi siempre para negarse a hacer lo que le pedimos. En su relación con los hermanos, las peleas son continuas, alterando frecuentemente la armonía de nuestra casa.
Cuando esta actitud se prolonga en el tiempo y, sobre todo, cuando la adolescencia alcanza su “fase aguda”, debemos confesarlo sin tapujos: ¡Cuesta una barbaridad amar a nuestros hijos adolescentes!
Voy a explicarme: No me refiero al amor que todos los padres tienen por sus hijos. Hay que suponer que todos los padres del mundo quieren a sus hijos por el simple hecho de serlo. El fundamento de este amor estriba en la relación paterno-filial, vínculo indestructible e irrenunciable que dura siempre.
Estoy aludiendo al amor en su faceta más sentimental o afectiva. Es bien sabido que no solo debemos querer a nuestros hijos, sino que
es imprescindible que nuestros hijos “se sientan” queridos por nosotros. Y lo cierto es que, ante un adolescente esquivo y malcarado, nos cuesta mucho profesar este amor paterno-filial acompañado del sentimiento, envuelto en ternura, en gestos de afecto, incluso caricias, tan habituales en las etapas anteriores a la adolescencia.
No solo esto, sino que es probable que en el duro trato diario, nuestros hijos adolescentes, puedan percibir un sentimiento contrario al amor del que estamos hablando. A mi juicio, aquí radica un grave peligro para el ejercicio de nuestro servicio para con ellos.
Conviene recordar que la adolescencia supone para nuestros hijos atravesar una etapa fértil y maravillosa, pero al mismo tiempo llena de preguntas e incertidumbres, ya que empiezan a asomarse al mundo de los adultos. Por eso, necesitan más que nunca del amor de sus padres, de nuestro afecto y reconocimiento, aunque a veces no lo parezca. Y no me refiero a un afecto de amistad, sino verdadero amor de padres. En una entrevista para un periódico nacional, el famoso Juez de Menores de Granada Emilio Calatayud lo dice con mucho salero: “...como algunos padres no saben cómo hacerlo, actúan haciéndose coleguillas del niño, coleguillas del adolescente; hablándoles de tú a tú, en plan de amistad. ¡Y queriendo ser sus colegas les han dejado huérfanos! Eso no es bueno. Porque los hijos quieren padres y los padres quieren hijos...”
A la vista de esta situación, para evitar el peligro anunciado anteriormente, quizás sería bueno reflexionar ahora sobre algunos aspectos importantes de nuestra relación con ellos, que estoy convencido pueden ayudar a la expresión de amor y afecto que tanto requieren. En definitiva, de entre los muchos que son necesarios, hay tres hábitos o virtudes que, si logramos adquirir, nos llevaran a conseguir el objetivo: Que nuestros hijos “se sientan” verdaderamente queridos por nosotros.

1. Serenidad
Ante una mala contestación, acompañada del consabido portazo; al observar por enésima vez que su ropa en la habitación esté amontonada sin orden alguno; o ante su sorprendente pasotismo ante unas malas notas, es posible que nos dejemos llevar por los nervios y les intentemos corregir a gritos. Acto seguido, incluso podemos quejarnos de que nuestros hijos adolescentes gritan, contestan mal y dan portazos, cuando deberíamos examinarnos si quizás han aprendido de nosotros alguna de estas reacciones desmesuradas.
Con nuestros gritos, los adolescentes suelen interpretar que todavía les tratamos como si fueran niños, que no los consideramos como los adultos que pretenden ser, aumentan los nervios y el malestar general y, no nos engañemos, la corrección deviene inútil.
Por el contrario, si ante estas dificultades reaccionamos con calma, mostrándonos cordiales y amables, les estamos ofreciendo la afectividad madura que necesitan. Al mismo tiempo, les damos un buen ejemplo de serenidad, como aquella virtud, imprescindible para el amor, que nos hace mantener un estado de ánimo apacible y sosegado aún en las circunstancias más adversas, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.
¡Que difícil conseguirlo ante determinadas situaciones! No obstante, ¿Por que no hacernos este propósito? Podemos empezar armándonos de mucha paciencia (contar hasta diez por dentro resulta a veces eficaz) y ser conscientes de que no podemos iniciar una conversación con ellos si no somos capaces de terminarla con serenidad, pase lo que pase, diga lo que diga.
En los peores momentos, quizás puede ayudarnos pensar en el conocidísimo pasaje de la primera Carta de San Pablo a los Corintios: “El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites”.

2. Optimismo
He buscado la definición de “optimismo” en el Diccionario de la Lengua Española y me quedo con la siguiente acepción: “Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”.
Probablemente como consecuencia de su actitud de rebeldía, hemos de admitir que muchas veces con nuestros hijos adolescentes observamos la actitud exactamente opuesta, es decir, tendemos a ver y juzgar sus cosas, sus aficiones, en general, sus actos, en su aspecto más desfavorable.
Caemos frecuentemente en el error de practicar la “presunción de culpabilidad”. Por ejemplo, nuestro hijo llega una hora tarde a la cena en familia, en su móvil sale el buzón de voz y pensamos: “llega tarde a cenar porque seguro que se ha distraído con sus amigos sin pensar en su familia. ¡Esto es inaceptable!”. No quiero ni imaginar la cara que mostramos al recibirle cuando llega tarde. No descarto que la razón descrita sea la correcta. Ahora bien, si practicamos la “presunción de inocencia” (nadie es culpable hasta que se demuestra lo contrario) podríamos pensar que llega tarde por alguna razón ajena a su voluntad; por ejemplo, los trenes se han averiado y además se ha quedado sin batería en el móvil. De este modo, nos mantenemos en la mejor de las disposiciones cuando finalmente llega tarde y puede responder a nuestra pregunta sobre la razón de su tardanza.
Toda persona, y en su etapa adolescente mucho más, necesita del reconocimiento de los demás para sentirse valorado, en definitiva, para sentirse querido. ¿Cuántas veces nos sorprendemos destacando a nuestros hijos las cosas que hacen mal? Obviamente, no debemos olvidarnos de las cosas que deben mejorar. No obstante, también es imprescindible destacar sus éxitos, sus logros, valorar con elogios oportunos las cosas que hacen bien, que seguro que son muchas.

3. Perdón
Nuestros hijos tienen el derecho a que nosotros ejerzamos de padres. Y la tarea de ser padres es incesante. Tenemos que ser padres las 24 horas del día y los 365 días del año. Además, en este apasionante cometido, debemos salvar innumerables dificultades y situaciones comprometidas. Por eso, es absolutamente normal que nos equivoquemos muchas veces al día.
Como tienen el sentido de la justicia a flor de piel, los adolescentes perciben automáticamente los errores que cometemos en su trato habitual. En estos casos, aunque cueste, es imprescindible pedir perdón. Pero no después de un tiempo largo en el que nos hemos distanciado amargamente del hijo afectado, sino casi inmediatamente, anticipándonos a una posible iniciativa por su parte.
Y al revés también, por supuesto. No podemos hacernos los remolones para perdonar a nuestros hijos cuando han cometido una falta, por grave que sea.
Blanca Brancatisano, en su libro “La Gran Aventura” lo explica muy bien. Aunque el libro trate del amor matrimonial, creo que es perfectamente aplicable aquí: “Sé muy bien que no es fácil perdonar; es el acto más sobrehumano que se conoce, pero si no conseguimos hacerlo en el ámbito favorable y privilegiado de una relación total como es el amor, no hay esperanza alguna (...)”
No tengo espacio para más. Me gustaría simplemente exponer este breve razonamiento: educamos a nuestros hijos para que sean felices. Una persona únicamente es feliz si ama y se siente amada. Enseñemos, pues, a amar a nuestros hijos. Y, para ello, que vean que los padres nos amamos con ternura y les amamos así también a ellos. De esta forma, lograremos, tarde o temprano, que superen con éxito la apasionante y difícil etapa de la adolescencia.
Me permito acabar con otra cita del mismo libro de Blanca Brancatisano:
“ser amados cuando somos y nos comportamos como unos gusanos... ah, esto si que es algo que conmueve las entrañas del mundo, algo que provoca un estupor capaz de dar nueva vida a quien recibe un amor así”
. ¡Que bueno sería que nuestro hijo tuviera y sintiera este amor de padres!



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Padres vs. Hijos…..¿Relaciones constructivas o conflictivas?

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“Señor, ayúdame a resolver los problemas difíciles 
y a no complicar los problemas sencillos”  
Juan XXIII





En todas las empresas familiares participan diversos miembros de la familia. Lo normal es que intervengan los padres (papa y/o mama) y los hijos (hombres y mujeres), siendo. lo mas importante, como se llevan los padres con los hijos y qué resultados logran.
Diversos estudios han identificado 3 estilos principales de los padres y 3 formas típicas de ser de los hijos. Los padres pueden ser: autoritarios, permisivos o participativos, mientras que los hijos suelen ser rebeldes, pasivos o involucrados. En este sentido, las combinaciones entre los estilos de los padres y de los hijos es lo que puede determinar si la relación es constructiva o conflictiva.
Un padre autoritario, desea imponer su voluntad en todo momento y a toda costa. Cuando su hijo es rebelde, es decir, que busca su independencia y cuestiona todo, la relación saca chispas, pues se convierte en una lucha de poder. Si el padre es autoritario y el hijo es pasivo, el padre es feliz al imponer sus decisiones y el hijo las acepta para evitarse problemas. Por otro lado, un padre autoritario con un hijo involucrado puede trabajar bien si el hijo logra que el padre tome en cuenta sus opiniones.
Un padre permisivo, que permite que sus hijos hagan lo que quieran, puede ser manejado por su hijo rebelde quien impondrá sus ideas. Si el hijo es pasivo, la empresa no tendrá iniciativa alguna y perderá ante la competencia. Con un hijo involucrado, el padre puede despertar de su letargo y la empresa puede salir adelante.
Lo ideal es tener un padre participativo, que escuche a todos los demás antes de tomar decisiones, él puede aprovechar la dinámica del hijo rebelde, motivar al hijo pasivo o aprovechar el interés del hijo involucrado y lograr mejores resultados.
¿Como eres como padre? ¿Cual es tu manera de ser como hijo? ¿Que puedes hacer para que la relación sea constructiva y no conflictiva?


Para mas información consultar: profitconsulting.com


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EDUCAR EMPODERANDO (Entrevista en Radio Otura)

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Una edad tan menospreciada, empezando por su propio nombre, la adolescencia, presenta un gran potencial educativo: Atreverse a pisar la raya de lo prohibido. Este valor usado con sabiduría puede ayudarnos a construir un mundo más humano y feliz, en el que, poco a poco, las creencias que nos hacen sentir víctimas vayan siendo desplazadas por las que nos ven como seres creativos, capaces de sentirse realmente los dueños de su vida. Para lograrlo contamos con toda la fuerza de la adolescencia.


¿Te apetecería saber cómo…? Te invito a escuchar la entrevista que realizó Rosa Estañ en su programa “Educar hoy” en Radio Otura.







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Las 8 Mentiras de Una Madre

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Las 8 Mentiras de Una Madre | familia | 

renuevodeplenitud.com

 


Esta historia comienza cuando era niño… nací pobre.  A menudo no teníamos suficiente qué comer.  Cuando teníamos algún alimento, Mamá solía darme su porción de arroz.  Mientras pasaba su arroz a mi tazón, solía decir: “Cómete este arroz, hijo, yo no tengo hambre”.  Aquella fue la primera mentira de Mamá.

Al crecer, Mamá renunció a su tiempo libre para pescar en un río cercano a nuestra casa; ella esperaba que de los peces que pescase, me podría dar proveer de un alimento más nutritivo para mi crecimiento.  Una vez, cuando sólo había pescado dos peces, hizo sopa de pescado.  Mientras tomaba la sopa, Mamá se sentó a mi lado y comió lo que quedaba en el hueso del pez que me había comido; mi corazón se estremeció al verla.  Una vez que le pasé el otro pescado, lo rehusó y dijo: “Cómete el pescado, hijo, a mí en realidad no me gusta el pescado”.  Esa fue la segunda mentira de Mamá.

Cuando, para poder pagar mi educación, Mamá fue a una fábrica de fósforos para traer a casa algunas cajetillas usadas, las que llenaba con cerillas nuevas.  Esto la ayudaba a ganar algún dinero para cubrir nuestras necesidades.  Una noche invernal me desperté y hallé a Mamá llenando las cajetillas a la luz de una vela.  Así que le dije: “Mamá, vete a dormir; es tarde, puedes seguir trabajando mañana en la mañana”.  Mamá sonrió y dijo: “Vete a dormir, hijo, no estoy cansada”.  Esa fue la tercera mentira de Mamá.

Cuando tuve que hacer mi examen final, Mamá me acompañó.  Después del amanecer, ella me esperó por horas en el calor del día.  Cuando sonó la campana, corrí a encontrarme con ella… Mamá me abrazó y me dio un vaso de té que había preparado un termo. El té no era tan fuerte como el amor de Mamá.  Viéndola cubierta de sudor, de una vez le pasé mi vaso y le pedí que tomase también.  Mamá dijo: “Toma tú, hijo, que yo no tengo sed.”  Esa fue la cuarta mentira de Mamá.

Tras la muerte de Papá, Mamá tuvo que desempeñar el papel de ambos.  Mantuvo su empleo anterior; tenía que satisfacer sola nuestras necesidades.  Nuestra vida familiar se tornó más complicada, pasábamos hambre.  Viendo empeorar nuestra condición familiar, mi bondadoso tío, quien vivía cerca a nuestra casa, vino a ayudarnos a resolver nuestros problemas grandes y pequeños.  Nuestros otros vecinos vieron que estábamos en pobreza por lo que aconsejaban a Mamá que se volviera a casar.  Pero ella rehusó casarse de nuevo diciendo: “No necesito amor”.  Esa fue la quinta mentira de Mamá.

Al terminar mis estudios y obtener un empleo, llegó el tiempo para que mi anciana madre se jubilase pero ella siguió yendo al mercado cada mañana para vender algunos vegetales.  Yo le seguía enviando dinero pero ella era persistente y aún me enviaba de vuelta el dinero diciendo: “Tengo suficiente”.  Esa fue la sexta mentira de Mamá.

Seguí mis estudios de maestría a tiempo parcial.  Financiado por la corporación estadounidenses para la cual trabajaba, tuve éxito en mis estudios.  Con un gran aumento en mi salario, decidí traer a Mamá a disfrutar la vida en los Estados Unidos pero ella no quiso molestar a su hijo.  Me dijo: “No estoy acostumbrada a vivir por lo alto”.  Esa fue la séptima mentira de Mamá.

En su vejez, Mamá fue atacada por el cáncer y tuvo que ser hospitalizada.  Como ahora vivía al otro lado del océano, fui a casa a ver a Mamá, quien se hallaba encamada tras una operación.  Mamá intentó sonreír pero yo estaba quebrantado por verla tan delgada y frágil.  Pero Mamá dijo: “No llores, hijo, no me duele”.  Esa fue la octava mentira de Mamá… y diciéndola, falleció.



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Los valores en la familia

Los valores en la familia

No cabe duda de que la individualidad nos está alejando cada vez más de la vida en familia. Hay escasa comunicación entre los miembros de un hogar, y es menos el tiempo que se pasa en casa.
La universidad, el trabajo, la computadora o el televisor muchas veces nos absorben y nos impide valorar estos momentos.  Pero, para la psicóloga María Teresa Charún, de la Asociación Unidad Familiar, el hecho de tener ocupaciones diversas no es excusa para perder la comunicación. Propone que el almuerzo o la cena sean tomados como un espacio ‘sagrado’ del día para reunir a los seres queridos.
“Esta tradición de reunirnos alrededor de la mesa se está perdiendo. 

Sin embargo, es muy importante tratar de que todos los integrantes de la familia se junten a comer por lo menos una vez al día”, asegura la especialista.

Señala que, en caso de ser imposible reunirse a diario, se debe separar los fines de semana. 

“Para compartir vivencias, tomar decisiones grandes y pequeñas y, por supuesto, compartir los alimentos”, dice. Refiere que estos encuentros les dan seguridad a los más pequeños para opinar y participar en las decisiones del hogar.
 Aparte de lograr una buena comunicación, el almuerzo familiar permitirá alejar a los adolescentes de los vicios. Según estudios de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, los muchachos que logran tener este tiempo con sus familias presentan 70% menos de riesgo de caer en el abuso de sustancias tóxicas.
“La vida en familia les da seguridad a los hijos. Los aparta de los vicios y de las malas compañías, además de que despeja sus dudas religiosas y morales. Recuerden cómo fuimos educados los que ya peinamos canas”, subraya Charún.
Para fortalecer nuestra familia es necesario promover valores positivos relaciones afectivas productivas, ambientes sanos y agradables que nos permitan desarrollar al máximo nuestras potencialidades.
El amor es el ingrediente esencial en toda convivencia; cada uno expresamos nuestro amor y cariño como mejor sabemos hacerlo aunque no siempre como los demás lo necesitan o lo desean. No hay que perder de vista que lo importante en actuar congruentemente, es decir, con honestidad en todas nuestras formas de ser y convivir en familia.
No es válido, por ejemplo, pedirles a nuestras hijas e hijos que sean respetuosos con el padre y la madre, si nosotros no tenemos respeto hacia ellos.
La comunicación es un componente básico que no podemos cerrar o cancelar nunca. La solución a los conflictos debe estar abierta al diálogo siempre. Buscar los acuerdos que satisfagan las necesidades e intereses de todos. 
Recordemos que los integrantes de la familia cada uno es único, pues hay hombres , mujeres, niñas, niños, jóvenes ancianos,  todos merecen un trato con equidad y justicia ya que tienen los mismos derechos. Las diferencias de edad no son motivo de discriminaciones ni violencia. Ser solidario implica el apoyo mútuo y constante hacer nuestra la causa ajena y así ganar y asumir de manera equilibrada las tareas y obligaciones dentro del hogar y cumplir responsablemente.
Construir un ambiente de libertad significa fomentar en cada uno de sus integrantes la toma de decisiones informada y consciente, asumiendo sus beneficios y consecuencias, en la búsqueda del bien común.
En la familia habrá diferencias, la tolerancia es el  valor que nos lleva a reconocerlas, pero ante todo respetarlas, y esto sin duda es una fortaleza que respalda la unión familiar.
La confianza en nosotros mismos y en los demás nos da el soporte para construir grandes relaciones de amistad y amor.
La  confianza se debe cuidar y alimentar a diario.

Los valores en la familia « Kathybel's Weblog

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martes

Día Internacional de la Mujer

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"Cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos".

Hemos conseguido mucho hasta ahora, pero aún nos queda un buen camino por recorrer. 
Para seguir avanzando, hay que pasar a la acción. Tal y como lo han hecho ellas:

 




 Artículo completo:


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Mujeres, lo que nos pidan podemos, feliz día a todas!!!!!!!!!

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Sólo el amor de una madre

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cuando todo el mundo deja de hacerlo.

cuando nadie otro cree.

cuando ninguno otro entenderá.

no importa en qué pruebas haz estado.

por cualquier tiempo de prueba.

No hay ningún otro amor terrenal,
más grande que el de una Madre.



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Carta a mi Hijo

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Carta a mi Hijo




Querido hijo:

Mientras vivas en ésta casa tendrás que seguir las reglas. Cuando tengas tu propia casa podrás hacer tus propias reglas. En ésta, no tenemos una democracia. Yo no hice campaña para ser tu padre. Tú no votaste por mí. Somos padre e hijo por la gracia de Dios y yo acepto ese privilegio y asumo la responsabilidad. Al aceptarlo tengo la obligación de realizar el rol de padre. No soy tu compañero. Nuestras edades son muy diferentes. Podemos compartir muchas cosas, pero no somos compañeros.
Yo soy tu padre.

Esto es cien veces más que un compañero. Soy también tu amigo, pero estamos en niveles diferentes. Tú harás en ésta casa lo que yo diga y no podrás cuestionarme porque lo que yo te pida que hagas está motivado por el amor. Esto te será difícil de entender hasta que tengas tus propios hijos. Mientras tanto confía en mí.

Te quiero mucho

Tu padre

Así como le hablamos a nuestros hijos en ésta carta pidiendo su confianza en nosotros dando por hecho que su entendimiento es limitado por ahora, y que deben confiar en nosotros porque los amamos, de la misma forma Dios nos habla a cada uno de nosotros. Él nos pide hacer su voluntad y nos pide también que tengamos fe en Él quien nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Nuestro entendimiento de la voluntad de Dios es limitado, y es por eso que Dios nos pide que confiemos ciegamente en Él.


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Limpia si debes

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Recuerden... una capa de polvo protege la madera de abajo ...


'Una casa se transforma en un hogar cuando puedes escribir 'TE AMO' sobre los muebles.

Yo solía pasar por lo menos 8 horas cada fin de semana, haciendo que las cosas estuvieran perfectas 'por si venía alguien'

Finalmente me di cuenta que nadie 'venía' porque todo el mundo estaba viviendo la vida y divirtiéndose!

Ahora, cuando viene alguien, no tengo porque explicarle en que condiciones está mi casa. Porque, la verdad, todos están más interesados en escuchar las cosas que estuve haciendo mientras vivo la vida y me divierto.

Por si no te diste cuenta.....

La vida es corta ... disfrutala!

Limpia si debes, pero ...

¿No sería mejor pintar un cuadro o escribir una carta, hornear galletitas o una torta, pasarle la lengua a la cuchara, plantar una semilla, reflexionar sobre la diferencia entre querer y necesitar?

Limpia si debes, pero ...

No hay tanto tiempo ... con toda la cerveza para tomar, ríos para nadar y montañas para escalar, música para escuchar y libros para leer, amigos para querer y vida para vivir.

Limpia si debes, pero ...

El mundo allá afuera con el sol que te da en los ojos y el viento en el pelo, la nieve que cae, un chaparrón, este día no volverá de nuevo.

Limpia si debes, pero ...

Toma en cuenta que la vejez llegará y no es linda... Y cuando te toque ir - e irte deberás - tu mismo te convertirás en polvo!

Compartelo con todas las mujeres maravillosas
en tu vida...

Yo ya lo hice !!!

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Soy la mejor MADRE del mundo!!!!!

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Es lo que se dice cada día Maite , y es lo que se debe decir toda madre que ame con locura a su hijo, que despierte y se acueste pensando en él, que respire para darle cada aliento, que sienta el mayor orgullo del mundo al decir “soy su mamá”.

Me perdono si en mi papel de madre me he equivocado en algo porque lo que hice en su momento creí que era un acierto pensando sólo en su bien. Mis errores me hacen crecer!

Me perdono haber sido débil en ocasiones y seguir siéndolo, porque también crezco dudando de mí misma para entender lo que realmente soy.

La palabra MADRE no significa perfección, significa amor incondicional, y eso me hace ser la mejor madre del mundo para Julen, y mi madre, la mejor madre del mundo para mi.

Me quedo con la definición de “amor” de Gottfried Leibniz, «amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad».

Y tu? Si eres de las mejores madres del mundo… dítelo todos los días! Y no dudes jamás!

miércoles

Despierta mama despierta






Quantcast
Cada día los hijos se van más tarde del hogar, es más, hay treintones que aún dependen de sus padres. Eso se llama ser MANTENIDO.

Parece que las madres estamos fallando en el proceso de separación, individualidad y ayuda a los hijos a crear su propia independencia. Eso se llama COMPLEJO DE GALLINA.




 Es curioso, lo que pasa es que las madres principalmente, confundimos lo que es el amor y nos dedicamos a hacer felices a nuestros hijos, a cumplirles sus caprichos, a resolverles la vida y no pensamos que el resultado es la infelicidad, ya que nuestros hijos nunca aprenderán a ganarse la vida y a ser autosuficientes. Eso se llama hacerlos, DEPENDIENTES E INÚTILES.


En aras de una felicidad mal entendida queremos llenarlos de cosas materiales, les damos la mejor fiesta de cumpleaños, la mejor ropa, los tenis más caros, la mejor escuela, dinero para las discotecas, un carro si es posible, y constantes gratificaciones que no se ganan, que no se merecen y lo más grave que no te agradecen. Eso se llama ALCAHUETERIA.


Te sacrificas en todos los sentidos para que tus hijos tengan lo mejor y nunca les quedas bien y lo que recibes por parte de ellos es: exigencia, egoísmo y en muchos casos descalificación y malos tratos.
Les has dado tanto, que se creen merecedores de todo. No te piden… te exigen.


No tenías teléfono celular, y no te pasaba nada.

Te conformabas con la ropa que tu mamá te podía comprar y no por eso te sentías diferente ni descalificada por no usar la marca X ó Z.

Si te llamaban la atención, te negaban un permiso o te daban un coscorrón, no amenazabas a tu mamá con denunciarla a Derechos Humanos y mucho menos le mencionabas la lista de los Derechos de los niños y de los adolescentes.

Si te ibas a una fiesta o pachanga, te comprometías a regresar a una hora determinada, que tenías que cumplir, de lo contrario no había permiso para la siguiente.

Y eso no era motivo para emitir gritos, zapatazos y azotones de puerta, o tener durante una semana sonrisas fingidas y jetas naturales. En ese tiempo existía un valor muy importante que nos enseñaron desde pequeñas, se llamaba RESPETO.

Ahora no se conoce, no existe, no sabemos en que lugar estará o detrás de que mueble lo escondimos para que nuestros hijos no lo encuentren y mucho menos lo practiquen.

En aquellos tiempos de familias grandes, la mamá no tenía mucho tiempo para sentarse con nosotros para hacer la tarea. Y no era común reprobar materias y mucho menos perder el año.

Había valores que eran preponderantes: uno era el orden, el otro la disciplina y otro la obediencia.

Hoy en día, la mamá tiene que hacer la tarea, comprar la monografía y lo único que le falta es ir a presentar el examen en el salón de clase.

Limpiarle los zapatos, zambullirse entre los sillones buscando el cuaderno, el lápiz, o el sacapuntas y buscar en el basurero la circular que al día siguiente tiene que presentar firmada en la dirección.

Y todo este circo para que el niño no haga berrinche y no sufra una deshidratación a causa de sus lágrimas y lo más triste, para mantener la paz social en el hogar, donde la solvencia y la autoridad de la madre hace mucho tiempo no existen.

Y qué decimos de lo cotidiano en el hogar, donde para evitar conflictos y discusiones, como ya no funciona aquel estribillo de: Jorgito a la una, Jorgito a las 2, Jorgito a las dos y cuarto como si fuéramos reloj. O el clásico “voy a contar hasta diez “va una, van dos…”

Nos convertimos en la sirvienta, recogedora de chécheres, lava platos, tiende camas.

Eso si, con la boca callada para no caer gordas con tanta habladera y no le permitimos a la niña que se desgaste ni siquiera recogiendo sus propios tiraderos.

Total para qué, ella por qué, si para eso está la mamá, ¿querías hija, no?.

Y aparte mi mamá ni trabaja se la pasa en la casa todo el día sin hacer nada. Claro esa frase la han escuchado de alguien en casa.

En aquellos tiempos no te sobreprotegían, ni te solucionaban los problemas, tenías libertad hasta para cometer errores, lo cual te llevó a desarrollar un sentido de responsabilidad y de identidad. Eso se llama CRECER.

Dentro de este proceso de crecimiento no estaban exentos un coscorrón o una que otra nalgada bien puesta, mismas que a nadie le ocasionó ningún trauma, ni hubo necesidad de llevarte al psicólogo.

En aquellos tiempos la voz de mamá se escuchaba con respeto, las órdenes de mamá se acataban sin protestar y los consejos de mamá no eran catalogados como cantaletas, rollos o monsergas.

Ni le decías a tu mamá “ya cállate”.

En aquellos tiempos la mamá ponía los límites.

Las reglas y las condiciones y no tenía miedo de que el hijo o la hija le dijeran: aquí no me comprenden, no me dejan ser, “me voy de la casa“

¿Pues adonde te ibas a ir que te trataran mejor que en tu casa?

En aquellos tiempos la mamá no tenía miedo de llamarte la atención y “que te enojaras”.

Total que tenías dos costos enojarte y volverte a contentar.

En aquellos tiempos si no querías comer, te quedabas con hambre, porque no te daban dinero para comprar porquerías en la venta de la esquina. Además la mamá se levantaba temprano a prepararte el desayuno.

En aquellos tiempos tu mamá no te justificaba tus malas calificaciones, ni tu mal comportamiento en la escuela, ni la falta de respeto a los maestros, ni tu falta de colaboración y apoyo en tu casa.

En aquellos tiempos la mamá decía no. Y no, quería decir NO.

En aquellos tiempos mi mamá no tenía como asistente educativa a la televisión. Se daba tiempo para escucharme, de acuerdo a sus posibilidades me informaba, pero sobre todo me formaba.

En aquellos tiempos la figura de la mamá era muy diferente a la actual, en aquellos tiempos el amor, el respeto y la consideración.

No daban cabida a los actuales calificativos: Mi mamá está loca, está menopáusica, es una histérica, está neurótica, es una frustrada, y quien sabe cuántos calificativos más.

Mismos que me causan una gran pena, no sé si por quien los emite o por quien los recibe.

¿Que vamos a hacer con los hijos de hoy?: Egoístas, aprovechados, dependientes, irresponsables, irrespetuosos, groseros, estafadores económicos y emocionales?.

Si no le das dinero, te lo roba, porque así se llama la acción de tomar algo que no es tuyo.

Enséñales a ganar su propio dinero con honestidad, para que sepan lo que cuesta administrarlo y disfrutarlo.

Enséñale a valorar la oportunidad de estudio, no todas las personas tienen el privilegio de prepararse, tener una profesión y formar un plan de vida. No le permitas que te amenacen con salirse de la escuela y no estudiar.

¿Qué vas a hacer con un parásito en tu casa?..

Enséñale a respetar a sus semejantes para que cuando tenga su pareja la sepa cultivar y procurar.

La igualdad entre hombres y mujeres no es faltarse al respeto, ni tener jerarquías ventajosas.

Enséñale a formar su escala de valores que lo hará un ser humano de bien, útil a su familia y a la sociedad.


Hazle conciencia que los valores no han pasado de moda ni son piezas de museo.

Enséñales a quererse a sí mismos para que cuando tengan sus hijos, los amen y eduquen.

Para que tenga credibilidad en la relación de pareja, y no opte por la unión libre que engendra la promiscuidad y la falta de selectividad afectiva.

Tus hijos son tu responsabilidad cuando Dios puso en tus brazos ese pequeño ser, te lo dio limpio, sano, puro, te dio un maravilloso material para que tú elaboraras una extraordinaria obra de arte.




¿Qué has hecho con ese pequeño ser? ¿En qué lo has convertido?

¿Qué cuentas le vas a entregar al Creador de la misión que te encomendó?, de formar un ser humano de bien.

Dios castiga también la falta de atención y la negligencia.

Haz un examen de conciencia y reconoce tus errores y enmiéndalos, reconoce tus carencias y prepárate, busca tu dignidad y recupérala.


Hoy nos preocupamos por llenar de cosas materiales a nuestros hijos y olvidamos por completo sus necesidades morales y espirituales, también el alma necesita de alimento.

Enséñale a conocer y a practicar la generosidad, hay muchas cosas que dar: una sonrisa, una flor, amistad, amor, compañía, una palabra amable, una oración, un pensamiento positivo.

Un corazón generoso siempre estará rebosante de paz. Dale la oportunidad de estar en paz, pero primero debe de conocerla.



Vamos a ponernos las pilas, hagamos de nuestra escala de valores un estandarte y párate al frente, para que tus hijos puedan identificar de cerca el respeto, la comunicación, el compromiso, la honestidad, la humildad, la cortesía, la prudencia, la generosidad, el agradecimiento, la nobleza de corazón que es lo que hace seres humanos de excelencia.

Sé una madre responsable de tiempo completo, desarrolla en tus hijos raíces profundas para que crezcan y alas fuertes y ágiles para que vuelen y Dios premiará tu esfuerzo.


Fuente: reflexionesdiarias.wordpress.com

Una madre siempre es una madre


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Luz de mi alma




Que el mundo te muestre todos sus colores sin pudor.
Que conozcas el amor y el inevitable desamor, porque solo así aprenderás del amor.
Que la vida te abrace y te mueva.
Que el miedo no te nuble y conozcas la justicia.
Que encuentres la grandeza de las cosas pequeñas y tus juegos duren tanto como tus días.
Que tus sueños se escapen de la noche y manchen tus pantalones.
Somos muchos los que te acompañarémos.
Mamá

Extraido de:
La fortuna de la flor

Las sufridas abuelas

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