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Niños Hiperactivos. Mama ¡No puedo dejar de moverme!

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La semana pasada conocí a Daniel en mi consulta. Tiene 10 años y estudia 5º de primaria. Es un niño despierto e inteligente, expresivo y comunicativo. Se mostró desde el principio abierto y hablador (cosas del cole, los amigos, su equipo de fútbol, las clases de judo, la pesada de su hermana de 15 años…) y como se suele decir, “hubo química ” entre nosotros.

Cuando le pregunté por qué razón sus padres lo habían traído a una valoración pedagógica, él rápidamente me contestó: ” ¡Es que soy Hiperactivo!” .Yo contesté :¿Y qué crees tú que significa esa palabra?. Daniel no lo dudó: “pues que es casi un milagro que te estés quieto y no te muevas de la silla; que estés callado sin hablar con los compañeros; que dejes de jugar con la goma hasta que se rompe… y que no te castiguen en el cole aunque no sepas muy bien por qué. Bueno, otras veces, me meto en líos sin querer”.
- “¿Y qué notas sacas? “. “Soy de cinco, seis, no más. Por lo menos no suspendo. De vez en cuando, saco un 9 en mates, pero odio el Cono (Conocimiento del Medio) porque luego en el examen se me olvida todo”.
Daniel definió su conducta y “problema” con claridad así como los sentimientos (desconcierto, inseguridad, infravaloración, rabia… ) que le causa su actual situación escolar y que le crea además un desajuste personal y social además de académico.

La valoración psicopedagógica confirmó el Diagnóstico: Daniel es efectivamente un niño con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). No es un niño necesariamente malo, maleducado, desmotivado ni vago. Tampoco sus padres tienen la culpa porque lo educan mal o no le ponen límites. Todo lo contrario, sus padres están volcados en él y “agotados” física y psicológicamente porque deben ayudar a Daniel a hacer sus deberes, controlar su agenda, ordenar su mochila, reponer cuadernos y lápices que pierde a menudo, contestar a las notas del profesor (que son más bien un conjunto de quejas) y miles de tareas más.

Todos hemos oído y utilizado el término “Hiperactivo” de forma coloquial, refiriéndonos a aquellos niños excesivamente movidos, traviesos, con problemas de conducta o malcriados.
Los profesionales que trabajamos dentro del campo de la Psicología infantil, nos referimos con este término a un cuadro con un conjunto de síntomas de base neurológica que poco tiene que ver con el niño vago, travieso o malcriado y que sólo en algunos casos, está asociado a problemas de conducta.

De hecho, hablamos de TDAH (Trastorno por Déficit de atención con hiperactividad) . Se estima que un 5% de los niños menores de 10 años padecen Déficit de atención y es probable que los profesores tengan de uno a tres niños hiperactivos o “disatentos” en el aula. Este trastorno es más común en niños que en niñas.

Los síntomas principales son:
• Déficit de atención.
• Impulsividad e Hiperactividad Motriz.
Aunque podemos diferenciar tres grupos con sintomatología diversa:
1. En el que predomina la falta de atención (Tipo Inatento).
2. En el que predomina la impulsividad y la Hiperactividad Motriz (Tipo Hiperactivo-Impulsivo).
3. En el que predomina ambos rasgos de falta de atención e Impulsividad (Tipo Combinado).

El diagnóstico de TDAH (en cualquier subtipo) no es necesariamente negativo a nivel de pronóstico, pero hemos de tener en cuenta que la falta de atención, la impulsividad y la inquietud motriz son características incompatibles con un buen rendimiento escolar y un adecuado comportamiento en el contexto escolar. Y teniendo en cuenta que el rendimiento escolar es la primera prueba de autoestima y valía personal que experimenta un niño y un factor también de competencia social, las características de esta sintomatología van teniendo repercusión en el desarrollo de su personalidad.
Y suele suceder, que a medida que avanzan los años y la exigencia escolar, los niños no detectados ni tratados adecuadamente no solo acentúan su sintomatología, sino que además presentan Inadaptación escolar, autoimagen negativa y un Autoconcepto erróneo de sí mismos (se hipervaloran o se infravaloran) además de otros problemas emocionales como ansiedad o depresión.


Es lo que llamamos “efecto bola de nieve”, es decir, las dificultades se hacen más grandes y más difíciles de resolver con mayor coste emocional y social para el niño y la familia.
Por lo tanto, la detección precoz y el tratamiento adecuado es de vital importancia en estos niños. Normalmente, el colegio y los profesores son los primeros en detectar a estos niños y comunicárselo a sus padres, que entonces ya han tenido la ocasión de “sufrirlo” en casa y en otras situaciones cotidianas (sala de espera del médico, visitas a los amigos o al restaurante…) y por ello, se ha ido deteriorando su confianza en sus posibilidades como educadores al sentirse desorientados, ansiosos, ineficaces y con sentimientos de culpa.

La detección requiere una Valoración Pedagógica no solo de los síntomas que el niño presenta sino también del potencial intelectual y otros aspectos cognitivos (fundamentalmente el tipo de estrategias en tareas de resolución de problemas, su estilo de aprendizaje, atención, memoria…) y de los aspectos emocionales (reacción a la frustración, síntomas de ansiedad o tristeza…), comportamentales y sociales (habilidades sociales, integración en el aula, grupo de amigos…).

Se trata de obtener un perfil neurocognitivo real y compatible con este trastorno y no una mera “adivinación” o valoración subjetiva de los padres y profesores.
El especialista médico (neuropediatra) es el que nos confirmará este diagnóstico y el que considerará el Abordaje farmacológico.

Todo tratamiento ha de ser integral y enfocado a todas las áreas del niño: escolar (mejora del rendimiento escolar y reeducación de sus dificultades de aprendizaje), personal y afectivo (mejora de la autoestima), social (desarrollo de habilidades Sociales), conductual (aplicación de programas en casa y en el colegio para conseguir conductas adecuadas y extinguir o suprimir las inadecuadas) y familiar (apoyo emocional, comprensión del problema y ambiente estructurado con normas claras y sistemáticas adecuadas a la exigencia del niño).
La detección y el tratamiento supone normalmente la intervención de especialistas y profesionales diversos (neuropediatra, psicopedagogo, psicólogo clínico…) dentro de un marco multidisciplinar. La intervención adecuada en el momento oportuno puede aportar un pronóstico positivo.

Por supuesto, la comprensión del problema por parte de padres y profesores y la coordinación entre ambos es vital para el desarrollo del niño y su ajuste académico y personal. Muchas veces, el primer obstáculo que estos niños encuentran, es un sistema educativo poco preparado para atender sus necesidades educativas, sociales y emocionales.

Pero no quiero acabar este artículo con un sabor “agridulce”. Estos niños activos, nerviosos, despistados, lentos, absortos en su mundo, desorganizados… tienen cualidades estupendas. Destaca su sensibilidad, nobleza, afectividad, son cariñosos, imaginativos, creativos, simpáticos, luchadores… y tienen dones y habilidades especiales aunque no son las valoradas por el sistema educativo.

Los podríamos comparar con los integrantes de una orquesta en el que cada uno toca un instrumento con gran habilidad pero parece imposible que toquen juntos a la vez, coordinados, siguiendo un mismo ritmo o melodía, respetando el turno. Y es difícil de conseguir una actuación perfecta…. Tan solo necesitan un Director que vea su potencial y les enseñe de forma diferente, respetando su particularidad…. para lograr un sonido maravillosamente diferente en una actuación “perfecta”.



Mónica Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
Dificultades de Aprendizaje, TDHA, Logopedia, Terapia de familia
www.zana.es




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